Cubanos encuentran paz en medio de la angustia, en La Cruz

Al menos cinco mil cubanos se encuentran varados en Costa Rica a la espera de que el resto de países del istmo les permitan continuar su rumbo hacia los Estados Unidos.

Ellos recuerdan con mucho dolor como el ejército nicaragüense los expulsó de aquella nación con balas de goma y gases lacrimógenos, luego de haber pasado los trámites fronterizos. Ese episodio los hizo regresar a suelo tico.

Allí llevan más de un mes, a la espera de que la diplomacia rinda frutos. Muchos se muestran desesperados y ansiosos por partir, pues su dinero poco a poco se va gastando en los comercios ticos. Deben pagar cientos de colones en internet para comunicarse con sus familiares en la isla e incluso, gastan en alimentación. Esto a pesar de recibir la asistencia del gobierno y de distintas organizaciones.

Muchos han gastado cientos de dólares en su trayecto Ecuador-Costa Rica, pues han sido víctimas de grupos organizados como la guerrilla colombiana. Han visto sus vidas bajo amenaza, pero consideran que estos riesgos valen la pena con el objetivo de alcanzar eso que sus labios no dejan de repetir: “la libertad”.

Luego de aquel violento episodio en Nicaragua, la multitud de extranjeros fatigados, hambrientos y sin refugio, poco a poco fueron llevados a albergues temporales, situados en colegios, salones comunales, parroquias e iglesias evangélicas, en la comunidad de La Cruz, Guanacaste, ubicada a unos 22 kilómetros de la frontera con Nicaragua. Una de ellas es la Iglesia Shekinah, dirigida por el pastor Alberto Bustos.

Allí, un equipo de Mundo Cristiano se encontró con un grupo de siete de estos “aventureros” mientras celebraban un tiempo de oración que organizó el liderazgo de la congregación.

Ahí estaban presentes, con una sonrisa y gran fe, Ibrahim Olazabal, Manuel Valdéz Mora, Fidel Olivas, Saraí Ligato Pérez, Carlos Ramos, Dailen Rodríguez Hidalgo y Eusebio Martínez Tejeda.

Todos ellos llenos de gozo y esperanza.

“Estamos tan agradecidos por el buen trabajo que ha desarrollado aquí”, expresó Eusebio. “Es una colaboración muy estrecha, muy unida, muy solidaria y humanitaria”, añadió.

A pesar de no vivir con las comodidades que brinda un hogar, ellos aseguran que esta situación los ha acercado más a la oración y consideran que esto que está pasando es “cosa de Dios y es el tiempo de Dios”.

Eusebio dice que a pesar de estar un poco tenso por la situación, agradece poder dar testimonio de que Dios les ha abierto camino para que marchen hacia adelante. “Yo he sentido una paz tan tremenda en este lugar, que no puedo expresar lo que hay en mi corazón”.

“Tenemos un agradecimiento inmenso, primero al Señor, luego a nuestros hermanos costarricenses y también a nuestros hermanos cubanos. La oración ha sido eficaz, porque el Señor se ha glorificado. Hemos tenido bendiciones, porque estar aquí ha sido una bendición”, dijo Dailen.

Saraí por su parte asegura que tiene la confianza de que Dios los está cuidando. “Desde que llegué aquí estoy muy conforme, muy alegre. A veces siento mi tristeza y mi angustia porque no he podido lograr lo que he querido, pero sé que Dios va a seguir abriéndome las puertas”.

Ellos y otros evangélicos han visto esta experiencia como una oportunidad para compartir el evangelio con otros cubanos. Al tiempo que misioneros también han llegado de distintas partes del país para compartir el evangelio de Jesús, incluso, evangelistas nicaragüenses.

“Yo estoy seguro que esta parada, aquí, es una bendición para enseñarnos. Aquí hemos compartido en la iglesia con otros hermanos”, dice Manuel.

Al escuchar sus historias y testimonio, pareciera que el nombre de aquella remota tierra de La Cruz, Guanacaste, no es casualidad, pues muchos están pasando sufrimiento, han sacrificado sus posesiones y pagan un alto precio emocional al dejar a sus madres, padres, esposas, hijos, y demás familiares, con tal de obtener “libertad”, según sus propias palabras.

Pero a la vez están aquellos que aquí en La Cruz, han encontrado bendición, gozo y paz, tal como estos siete cubanos que encontramos unidos en oración en la Iglesia Shekinah.

Sus familias también están orando y ayunando en Cuba, para que pronto puedan llegar a Estados Unidos. Aseguran que es una experiencia que nunca olvidarán y que guardarán en un lugar especial.

Fuente: Mundo Cristiano

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